Tratar con gente difícil

Existen muchos tipos de personas, cada cual con su personalidad decorada como mejor le parece.

Durante estos últimos años me encuentro recurrentemente con perfiles difíciles, en particular -aunque no exclusivamente- en equipos técnicos.

Para explicarlo mejor voy a hacer un ejercicio de autocrítica.

Durante mucho tiempo estuve en departamentos técnicos, hasta que de ahí di el salto hacia otros departamentos. ¿Por qué?

Llegó un momento que me molestaba todo, ya que todo se me volvía cuesta arriba por varios motivos:

  1. Por el carácter proactivo, que me llevaba a intentar sacar más proyectos e iniciativas en una espiral sin fin
  2. Porque no tenía suficiente equipo propio
  3. Porque no dedicaba suficiente tiempo a vender mis logros ni a mí mismo
  4. Porque todavía no había aprendido a tratar adecuadamente con otros equipos, y en particular con gente difícil
  5. Por mi empatía con las necesidades de otros departamentos relativas al negocio

Todo esto se volvió en mi contra y me volví una persona constantemente ocupada (con una carga que un consultor externo estimó en un 300%) y de carácter irritable.

Entonces decidí que tenía que dejar de hacer lo que estaba haciendo, pues no me estaba haciendo bien a mí ni, probablemente, a los demás -aunque a corto plazo funcionara, a largo plazo estaba claro que no iba a ser sostenible-.

Afortunadamente, conseguí hacer una transición más o menos suave hacia otros puestos, y aprendí a valorar mejor el trabajo de los demás y los puntos de vista diferentes al mío, gracias a que me puse literalmente en puestos que anteriormente había criticado. Esto me hizo plantearme que había estado equivocado durante mucho tiempo respecto a la importancia que le había dado a mi trabajo (y a mi posición) frente a la que había dado al de los demás.

Hoy en día me sigo encontrando personas que, lamentablemente, no han salido de su burbuja -es decir, de su único perfil en la empresa-. Esto, en ocasiones, provoca en ellos cierta irritabilidad y falta de empatía. Me atrevería a decir que, incluso, un cierto nivel de infelicidad o frustración constante proyectada hacia los demás, en concreto hacia grupos diferentes al suyo.

Lamentablemente, no tengo la fórmula concreta para tratar con todos estos perfiles, pero sí sé identificarlos para no tomarme las cosas a modo muy personal cuando trato con ellos. Los perfiles que me encuentro habitualmente son:

  • El “más listo” de la organización. Éste no sólo está encantado de conocerse a sí mismo, sino que además está constantemente en poder de la verdad absoluta y tiene la receta mágica para arreglar todos los problemas que, curiosamente, siempre tienen su origen en los demás y nunca en uno mismo.
  • El perfil tipo “no me pises el jardín”. Éste se cabreará enseguida que alguien se salte algún proceso que, generalmente, no existe en ningún lado más que en su cabeza, que está hecho a medida para su departamento, y que habrá que cumplir a rajatabla si no quieres verte envuelto en un “día de furia”.
  • El perfil tipo “ahora no”. Éste simplemente está siempre hasta arriba, generalmente apagando fuegos o tratando con el resto de perfiles mencionados, y en ocasiones se permite tratar con cierto desdén a quien ose molestarle.
  • El perfil tipo “pasota”. Éste simplemente se limita a pasar de todo, dejando que otros se “coman” la mayoría de los problemas. Funciona bien en organizaciones donde el grado de inmovilismo es alto.
  • El perfil tipo “burocrático”. Éste es similar al anterior y normalmente conviven en el mismo espacio. Básicamente se limita a dar un “no” por respuesta a cualquier cosa que se salga de su rutina normal de trabajo.
  • El perfil tipo “burnout”. Éste está más quemado que la pipa de un indio y, para más inri, el resto de los perfiles tienden a provocarle, lo que redunda en que éste entre fácilmente en un estado de furia “berserk”.
  • El perfil “graciosillo”. Éste se limita a hacer bromas que, generalmente, calientan el ambiente y a los demás debido a su carácter ácido, capcioso y excesivamente sarcástico.

 

Luego podemos encontrar derivados de los anteriores y combinaciones de los mismos. La pregunta es… ¿qué hacemos con todos ellos?

La respuesta es directa: a cada cual hay que procurar combatirle con el razonamiento para que por sí mismo se dé cuenta del carácter que está adoptando, el poco bien que le hace a sí mismo y al grupo y cómo afecta a otros equipos/departamentos/organizaciones con los que tenga trato. Si no funciona, mi recomendación es no entrar al trapo ni comportarse como la persona difícil, ya que es un juego que probablemente no lleve a ninguna satisfacción personal. Es decir, no conviene intentar hacerse el más listo para dejar en ridículo al “más listo”, ya que esto redundará en un trato difícil a futuro debido al resquemor. Tampoco conviene hacer el graciosillo con el “graciosillo”. Y mucho menos darle oxígeno al “burnout” haciéndole ver más cosas malas de las que ya ve por sí mismo.

Por lo tanto, lo mejor es identificar a cada perfil y buscar la manera menos mala de tratar con ella o él, que generalmente pasa porque su responsable directo tenga una charla con dicha persona, buscar cuáles son sus motivaciones y problemas, escucharle para que sienta que es valorado y que sus pensamientos son tomados en consideración. Además habrá que poner un empeño real en buscar la manera de cambiar lo que realmente pueda ser nocivo para el ambiente de trabajo (ya sea el percibido como el real).

Para los demás, como colaboradores “ocasionales” con dichos perfiles, lo que recomiendo es procurar no tomarse su actitud a modo personal. Al final, lo que hay que entender es que esto no va de personas mejores o peores. Esto no va de “gente difícil” sino realmente de actitudes conflictivas. Cada cual habrá de decidir si decide sumar o restar y procurar que esto le proporcione alguna satisfacción personal o cubra alguna motivación que habrá que descubrir por el camino para tornar una actitud difícil en una actitud colaborativa.

 

 

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