Algo que venderte

Vivo rodeado de gente brillante que se desenvuelve en un mundo con reglas simples. Cualquiera puede seguir esas reglas, el problema de esas reglas es que hasta el más lento puede aprenderlas y encontrar los resquicios por donde uno podría colarse para, digamos, distraer la atención de quien pudiera observar y velar por el correcto cumplimiento de dichas reglas.

Alguno podría pensar que hay muchas cosas que no se rigen por reglas simples, sino complejas. En mi opinión, todo es un conjunto de reglas simples que se van agrupando y acumulando en capas unas encima de otras, de modo que volvemos a que el mundo sigue reglas simples, al menos en la base.

Una constante por aquí, una variable por allá, una correlación por acullá y ya lo tenemos todo enlazado y dominado, como si de un castillo de naipes se tratara.

Por ejemplo, ¿cómo se mueve el mundo hoy en día? Vamos a los básicos… Con dinero y poder. Lo uno sin lo otro es raro, de modo que si se diera lo uno sin lo otro y como lo raro y difícil de encontrar es valioso, llamativo y atractivo, entonces generaría en última instancia la presencia del otro. ¿Se ve la constante, variable y correlación en lo que digo?

El poder es difícil de obtener, pero cada cual lo ejerce en la medida de sus posibilidades. No sólo se trata de líderes de opinión e influencia como la nobleza, políticos, famosos, etc. Aquél dependiente que te atiende con desdén, o que te hace preguntar y volver sobre lo mismo en vez de atenderte como Dios manda por no darte toda la información adecuadamente estructurada y completa… Está ejerciendo su poder. El poder de atenderte bien si le entras por el ojo bueno o de atenderte mal en caso contrario.

Los juegos de poder son peligrosos porque dominan dinámicas completas de grupo, de equipos, de empresas, de clanes, de países y globales. Y el poder cuando se consigue se puede repartir y esparcir, de modo que el poderoso se suele rodear de otras personas a las que simplemente por tener como cohorte ya les otorga un poder implícito, igual que si de una cadena sucesoria se tratara.

Vamos con el dinero o bienes en general (ya sean propiedad física, virtual, intelectual o de otra índole), la otra fuerza que junto con el poder hace girar al mundo.

En este caso no hay fuerza del Lado Oscuro y fuerza Jedi, se puede estar en ambos lados en distintos momentos o incluso simultáneamente, como en la física cuántica. De modo que el estado final sólo se revela cuando alguien lo contempla y pone el foco, hasta ese momento estará en ambos estados a la vez (ver la paradoja del gato de Schrodinger).

Una forma habitual de obtener dinero o poder es la venta -y por extensión también la misma compra-. De productos, de servicios, de ilusiones, de uno mismo… Que se materializa ocasionalmente en un contrato. Es decir, volviendo a los básicos, sólo se puede vender aquello para lo que hay demanda, porque existe un deseo o una necesidad que cubrirá para alguien dispuesto a adquirirlo.

Claro, es fácil imaginar entonces que juntando ambos elementos: dinero y poder, se podrá llegar a vender cualquier cosa -léase por ejemplo tráfico de influencias- y a comprar cualquier cosa -léase por ejemplo compra de voluntades-, de modo que los límites se disuelven y en esta confluencia de fuerzas se entra en una omnipotencia próxima al endiosamiento.

Es fácil entender que ejercer poder y conseguir dinero sean unos grandes liberadores de endorfinas y, por tanto, generen una gran adicción. Todos queremos ejercer el poder aunque sea en nuestra pequeña parcelita de igual manera que a nadie nos gusta perder en una venta, sino que la misma nos sea favorable. Porque esto, aparte del beneficio intrínseco que puede conllevar, nos hará sentirnos bien con nosotros mismos.

Todos llevamos un vendedor dentro. Es cuestión de entrenarlo para conseguir desatar su potencial con el fin de obtener o bien dinero o bien poder y, en última instancia, ambas cosas. Porque el fin último será tener el poder de hacer lo que uno quiera cuando quiera, libertad financiera y personal absoluta, con poder de reclamo y movilización, con gente apoyando nuestra causa y avalando nuestras acciones y/o decisiones. Y cuando esto suceda, entonces nos daremos cuenta que habrá que volver a los inicios para que la vida vuelva a tener sentido. Tendremos que volver a vender algo para sentirnos bien con nosotros mismos, ya sea nuestro conocimiento, nuestro tiempo, nuestras ideas o nuestros bienes y servicios.

Porque el potencial último está en la capacidad de vender, persuadir, conquistar y seducir. Ése es el poder atemporal y da igual la manera en que se presente, siempre lo llevaremos en nuestros genes y será nuestro objetivo y meta para la supervivencia y el bienestar.

Haz una pausa para la reflexión… ¿Tú qué vendes? ¿Y a quién se lo vendes?

Por esto mismo quiero venderme hoy como una buena persona. Me gustaría venderme como la persona que ayudará a otras personas cuando tenga el poder de hacerlo. El cómo no es importante ahora porque sólo tenemos el qué: una persona buena y competente -el bien primero que quiero vender- y el para qué: para ayudar a los demás -el beneficio último que quiero proponer-. Lógicamente para poder ayudar a los demás me tengo que ayudar primero a mí mismo -familia incluida-, de otro modo me será difícil poder ayudar a los demás. Por ello me propongo como un bien de inversión para que quien quiera y pueda opte por mi proposición, y la avale con su apoyo. Aquí solicitaré el apoyo personal, muy importante, complicidad y simpatía con mi persona y con mi causa. Pero también solicitaré el apoyo económico o de cualquier tipo de bien, ya sea por donación, participación, opción o similar de cualquier tipo, que aceptaré de buen grado siempre y cuando no conlleve una carga mayor que el beneficio de la misma.

Alguien podría decir en este punto:

“Búscate un trabajo”.

Y eso mismo es lo que estoy haciendo, en este punto me estoy vendiendo, lo cual en sí mismo es un trabajo que estoy realizando, ofreciendo un bien muy claro: ayudar a los demás -a mi benefactor incluido- igual que hoy alguien me ayudará y apostará por mí, el quid pro quo o el do ut des.

Alguien podría argumentar que si no busco o encuentro un trabajo normal es porque no estoy preparado. En este punto discreparé claramente, ya que el motivo de esta reflexión y este ofrecimiento será precisamente que me considero bien preparado para un crisol de trabajos que el mercado está dispuesto a ofrecerme -o no- en base a mis últimas experiencias.

  • ¿Y cuánto quieres? – podría alguien preguntarme.
  • No se trata sólo de cuánto, sino de sentirme realizado. Voy a la cúspide de la Pirámide de Maslow.
  • Entonces vende un producto o servicio concreto, algo único y específico que se pueda racionalizar fácilmente.
  • Ya lo hago, estoy vendiendo algo único como es mi experiencia, mi conocimiento, mi educación y mi capacidad e ingenio, todo lo que soy y el potencial que tengo a quien quiera invertir con el fin de poder yo ayudar a otros en el futuro.
  • ¿Y qué entregas a cambio, cuál es el Retorno de la Inversión?
  • No tengo cerrado un plan de negocio para esto, estoy en prospección. No ofrezco ahora ningún ROI más allá de la promesa de hacer por los demás lo que otros harán por mí ahora, el quid pro quo, el karma positivo y el sentimiento de autorrealización que obtendrá la persona que invierta en mí ahora cuando en el futuro vea cómo se materializa el fruto de su inversión actual. Pero no puedo ofrecer un plazo claro ni una forma cierta en la que se materializará esa inversión, al menos en este momento de incertidumbre en el que el activo más valioso y casi el único que tengo soy yo mismo. Lo que tengo claro es que con esto no tengo nada que perder más allá de mi potencial desperdiciado en el futuro por no haber sido correctamente encauzado, respaldado o respondido.
  • ¿Y eso por qué tendría que ocurrir?
  • Por no haber(me) sabido vender bien.
  • En ese caso tal vez sería bueno que dieses un curso de venta personal para obtener una excelencia en ese arte y que en el futuro pudieses ofrecer ese conocimiento para beneficio de otros o aprovecharlo en beneficio propio.
  • ¿Y no es eso precisamente lo que estoy haciendo en este momento?
  • ¿El qué?
  • Ofrecer conocimiento sobre venta personal aplicándolo sobre mi propia persona de esta forma y en este momento. ¿No piensas que estoy sirviendo como ejemplo a otros?
  • Puede ser, sí. Pero si lo estás haciendo ahora así, no estás obteniendo ninguna clase de beneficio, lo estás haciendo gratuitamente y sin un resultado cierto. Luego alguien podría argumentar que si no obtienes nada a cambio no has cerrado el ciclo de venta.
  • Lo que he obtenido a cambio en este punto, aunque no haya sido una venta, puede ser haberme ganado tu atención y simpatía. ¿Ha sido así?
  • Diría que así es, claro.
  • Entonces es suficiente beneficio para mí por ahora. Y dime, ¿me respaldarías en mi causa haciendo una pequeña donación?
  • ¿De qué tipo de donación estaríamos hablando?
  • Lo que sea que te sobre, que no necesites o que consideres que puedes dejar a otro sin que te perjudique ni te cambie la vida pero que al otro sí podría hacerle algún bien.
  • En realidad tengo algunas cosas que me gustaría vender.
  • ¿Y por qué no lo haces?
  • Porque por lo que he visto si lo vendiera, la situación me sería desventajosa y terminaría pensando que no he hecho un buen trato, no quedaría satisfecho.
  • Bien, ¿entonces por qué no te planteas donarlo? La situación no será ventajosa igualmente, pero no será porque alguien haya intentado aprovechar la ocasión de una forma clara sobre ti, sino porque tú mismo habrás decidido hacerlo para sentirte bien. Ya habrás salido ganando si piensas que malvendiéndolo te sentirás peor.
  • Hombre, visto así…
  • Tú piénsalo, no tiene por qué ser hoy, ni mañana. Si algún día te decides a hacerlo, aquí estaré yo para atenderte de buena gana y te lo agradeceré de corazón. Es posible que el día de mañana sea yo u otro quien te haga una donación a ti. Así funcionan las cosas.
  • Oye, ¿qué habías dicho que haces?
  • Consultoría.
  • Caray, pues si lo haces con esta actitud y propósito, no te debería ir mal. De hecho déjame que haga algunas llamadas y pregunte por ahí, estoy seguro que algunas empresas se interesarían por tenerte como colaborador.
  • Pues te lo agradezco de veras. ¿Qué crees que marca la diferencia en mi caso?
  • Que te has sabido vender.

Y éste, queridos amigos, es el comienzo de una bonita historia para muchos de nosotros -ocasionalmente-. Una historia que se repite una y otra vez siguiendo un patrón muy claro. Son reglas simples para un mundo en el que vivimos rodeados de gente brillante. Dinero y poder, poder y dinero… Las dos caras de la misma moneda con la que igual se materializa la venta que se juega al cara o cruz. ¿Y tú qué prefieres? ¿Vender o jugártela?

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