Qué haces cuando lo ves venir

Hay momentos en que ves venir el problema de lejos. Ahí te planteas qué es mejor, hacer como si nada para no acelerar el momento en el que aquello que temes se hará realidad, o mejor plantarle cara y anunciar lo que está por venir –ahí siempre te quedará la “satisfacción” de saber que ya avisaste-.

Pues bien, en mi caso creo que hagas lo que hagas –si no tienes una capacidad de actuación real e influencia- el resultado prácticamente no variará mucho, pero personalmente prefiero plantarle cara y “acelerar” el proceso en la medida de lo posible. Si tiene que suceder, que suceda cuanto antes –siempre y cuando no estemos hablando de algo muy grave, claro-.

Esto me ha ocurrido un número considerable de veces. Hay iniciativas que no salen como cabría esperar y es que me han dado mala espina desde el principio (desde el primer día prácticamente). Lo que ocurre es que una vez que el proceso está en marcha es difícil pararlo y uno no se puede basar simplemente en “corazonadas” o en instinto para dejarlo todo el primer día sin darle oportunidad a que suceda de otra manera –y te planteas que no está la vida como para dejar pasar muchas oportunidades-. ¿Qué ocurre? Que después de un mes de “incomodidades” sucede lo inevitable, lo que ya adelantabas que iba a suceder un mes antes, prácticamente desde el primer día. Claro, ya ha pasado un mes y te planteas lo absurdo de la situación, máxime cuando se repite una y otra vez, en otras circunstancias y contextos, pero con resultados similares.

Te planteas: “¿Será que he hecho algo mal o a todo el mundo le pasa lo mismo?”. Creo que es un tema de estadística y que es algo relativamente “habitual”, de modo que las probabilidades de que sucedan estas cosas no es despreciable, así que lo único que has hecho es estar en el lugar y momento adecuados –o no- para que te toque a ti vivirlo. Otra cosa es cómo se lo toma cada cual. Si eres perfeccionista y competitivo te lo tomarás peor, si no lo eres será una anécdota más que no dejará necesariamente huella en tu recuerdo.

Ahora que sabemos que algunos tenemos esa capacidad de “verlo venir de lejos”, no sé si para bien o para mal, conseguimos adelantarnos a los futuros acontecimientos y lo que hacemos es poner medidas para el caso en el que ocurran –hombre prevenido vale por dos que dice el refranero-. Esto no nos hace sentir mejor cuando sucede lo que vimos venir, pero al menos sí nos consuela que no nos pilla completamente desprevenidos.

Una vez que aprendes a poner medidas cuando “lo ves venir”, la verdad es que vives más tranquilo y puedes escoger entre dejarlo estar y que suceda cuando tenga que suceder o “acelerar el proceso”. Lógicamente, si puedes hacer algo por prevenirlo y evitarlo tendrás que hacerlo, pero partimos de la base de que son cosas que se escapan a tu completo control.

La mayoría de la gente directamente no se plantea mucho estas cosas, así que tampoco se preocupa en verlo venir o no, sino que cuando sucede ha sucedido y punto. Probablemente son más felices, hasta el momento en el que sucede, en el cual tal vez se cambian las tornas. Al que le pilla por sorpresa se lo puede tomar peor que el que lo vio venir –porque éste último tuvo la oportunidad de poner alguna medida previendo la situación futura-.

Y es que es cierto que hay que tener un plan B, C, D… y Z para todo. Cuantos más planes encadenados tengas, más preocupaciones previas sobre las que habrás tenido que reflexionar, pero cuando suceden, tienes una vía de escape.

O tal vez sea mejor dejarlo todo al destino, no planteárselo mucho y vivir feliz, hasta que sucede lo inesperado –si es que sucede-. Cuando sucede nos replanteamos de nuevo qué es mejor, si dejarlo al destino o poner medidas.

Ambas opciones tienen su lado bueno y su lado malo, en mi caso tengo la capacidad de verlo venir, para bien o para mal. Si tú también lo ves venir, puede que quieras poner medidas y que te interese asesorarte sobre las posibilidades a tu alcance. Si temes por tu seguridad personal, la de tu familia, empresa, organización, etc. o si temes por tu futuro, preocúpate lo suficiente como para no tener que preocuparte todos los días por la posibilidad de que suceda.

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