¿Cuánta seguridad necesito para ser feliz?

Esta pregunta –cuyas variantes hoy en día se propagan con facilidad- no es trivial y está formulada de forma tendenciosa para vender. Uno necesita sentirse seguro necesariamente para estar feliz, de modo que algo que se vende muy bien y seguirá haciéndolo durante mucho tiempo es la seguridad (ver la jerarquía de las necesidades humanas expuesta en la Pirámide de Maslow).

Siempre que existan motivos para no sentirse seguro, existirá intranquilidad. ¿Estamos seguros? Es una de esas preguntas que es mejor no plantearse mucho, porque cuanto más se la plantea uno, más cuenta se da de que la respuesta es que “no”.

Las empresas no están seguras, y lo saben cuando reciben algún tipo de ataque cibernético, fraude, filtraciones de información, etc. Igual ocurre con los individuos, cuando alguien entra en su casa, le timan con la factura del móvil, etc. A nivel de país ocurre lo mismo con los países vecinos o con intereses cruzados en los cuales se puede llegar a entrar en guerra. A nivel de planeta nos ocurre con el aumento de temperatura, de CO2, etc. A nivel de especie nos ocurre con la competencia por los recursos a nuestro alcance, siempre limitados. Y la seguridad no deja de ser un recurso más que no está al alcance de todo el mundo.

La pregunta reformulada debería ser: ¿Qué necesito saber para sentirme seguro?

En ese caso el escenario se acota bastante. Según la casuística de cada cual será necesario saber o aplicar más de seguridad o menos. Cuanto más recursos tengamos y más valiosos sean éstos para los demás –que no tengan unas condiciones tan ventajosas como nosotros-, más medidas tendremos que poner para protegerlos. Es así de sencillo, una regla de tres de toda la vida basada en la competencia por los recursos limitados.

Por lo tanto, para estar feliz en cuanto a la seguridad se refiere puede optar en principio por dos alternativas:

  1. Deshacerse de los recursos valiosos que no necesite –con el fin de no tener que preocuparse por ellos en el futuro-. Una opción es donarlos si los tiene en propiedad, alquilar en vez de comprar (delegar, subcontratar, usar tecnologías CLOUD…), ceder a terceros. Si puede seguir usándolos sin tenerlos en propiedad, conservará las ventajas de disfrutarlos sin necesidad de preocuparse por nada más.
  2. Invertir en seguridad para dichos recursos con el fin de evitar la tentación y acto de obtenerlos de manera ilícita, poco ética o abusiva por terceros.

En cualquier caso, le aconsejo dejarse asesorar antes de tomar una opción con el fin de hacerlo con una información completa, pues en cada caso pueden existir diversas alternativas que a cada persona, empresa, organización, etc. le encajarán mejor o peor en función de sus características y contexto.

Tomando en cuenta la seguridad informática, existe un amplio desconocimiento que unos pocos pueden aprovechar para tomar ventaja. La regla básica es: cuanto más abierto y expuesto al mundo, más inseguro será. Como tampoco se puede vivir en una burbuja, en general se llevarán a cabo esquemas más o menos complejos con zonas de acceso a diferentes niveles y con sistemas de protección combinados para acceder a los niveles más restrictivos.

Aun en el caso de poner los máximos niveles de seguridad, siempre existirá un punto crítico: el ataque desde dentro. Es decir, proveniente del propio entorno más cercano o íntimo, el “insider”. Es aquí donde hay que poner el mayor punto de atención cuando ya se tiene un sistema considerado “seguro” y es en este punto donde no sólo aplicará la tecnología a su alcance, sino también poner en práctica una serie de metodologías, mecanismos y medidas que permitan prevenir cualquier tipo de actividad indeseada y que minimicen el impacto en caso de que el riesgo llegue a materializarse.

Si tiene algún tipo de sospecha o intranquilidad por una potencial amenaza de seguridad, solicite asesoramiento para estudiar las medidas que se pueden llevar a cabo –que no serán siempre necesariamente las mismas para casos similares- con el fin de actuar rápidamente y poder volver a su estado normal. La rapidez es crucial en estos casos, de modo que ante el primer síntoma o sospecha, solicite información y actuación pronta. Si es su caso o el de algún conocido, no dude en recomendar mis servicios profesionales de consultoría.

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