Acepta tu responsabilidad

¿Cuál es la técnica más utilizada en España, y especialmente frecuente tras la llegada de la crisis? La respuesta para mí es la siguiente: usar la justificación para todo, en particular para no aceptar la propia responsabilidad.

A todo el mundo nos cuesta aceptar nuestra propia responsabilidad, sobre todo cuando las cosas no salen bien. Si no salen bien, tampoco es el fin del mundo, pero es más fácil echarle la culpa al empedrado que aceptar la propia responsabilidad.

Es curioso que cuando las cosas no gustan, la técnica más utilizada es quejarse constantemente, seguida de no arriesgarse a intentar cambiarlas, eso sí encontrando justificación para todo, y trasladando la responsabilidad sobre los demás (sobre todo para que éstos sean los que lo cambien asumiendo otros también los riesgos ya que el camino no será fácil).

Para ello las técnicas de manipulación que se utilizan no son pocas (ojo, que nadie está libre de usarlas), aquí algunas:

  • Comportamiento pasivo-agresivo. Básicamente quejarse de los demás en público, ponerse en una situación de debilidad con respecto a una situación, victimismo, desgana, desidia, dejadez, negatividad, acidez, sarcasmo…
  • Condescendencia (en sentido negativo). Se usa también mucho y es ponerse en una posición de superioridad sobre otro usando unos modos pseudo-amables.
  • Enmascaramiento de la realidad. Entregando historias que no son del todo ciertas con el fin de culpabilizar a otros y así llevar la atención hacia otro lado y apartarla de uno mismo.
  • Narcisismo. Preocuparse única, exclusivamente y en primer lugar por uno mismo a costa incluso de los demás.
  • Normalización. La falta de procesos o agilidad se vuelve normal y el caos o ineficiencia que resulta también, de modo que es más fácil “normalizar” a los nuevos para que sigan la corriente que darles herramientas y capacidades que les permitan mejorarlo.
  • Confabulación o connivencia. Básicamente consiste en ponerse de acuerdo varios, generalmente para perjudicar a un tercero, poniéndole en una situación de debilidad.
  • Polarización. Algo será completamente bueno o completamente malo. O estás conmigo o contra mí. O se hace así o está mal hecho…

Todas estas técnicas y muchas más para no aceptar la propia responsabilidad. Bien es cierto que no toda responsabilidad de lo que ocurra es exclusivamente propia, pero tampoco lo contrario -es decir, algo de responsabilidad siempre podremos asumir, si es que hemos colaborado, aunque sea una mínima parte-.

Por ello, el inmovilismo es una técnica muy utilizada para eludir responsabilidades. Lo que está mal ya existía de antemano porque lo generaron otros, pero tampoco se va a cambiar nada porque requiere un esfuerzo, dedicación y riesgos que uno no está dispuesto a asumir -que vengan los que generaron la situación actual a cambiarlo-.

Siempre será más fácil intentar que otros asuman la situación en vez de hacerlo uno mismo. Si la iniciativa es de otros, que sean los otros los que lo hagan todo. Si algo falla, no será porque yo no lo dije. Si no está, es porque los demás no han hecho su trabajo. Si está ahora, tenía que haber estado antes. La cuestión será siempre poder buscar a quien echarle la culpa de que algo salga mal, sobre todo en escenarios donde se plantean medidas basculadas en mayor medida hacia el castigo que hacia el premio -caso que suele darse hacia ciertos grupos en particular dentro de una organización-.

Lo curioso es que, en gran parte de ocasiones, los directivos compran e incluso premian este tipo de comportamiento, ya que básicamente evita cualquier exposición al riesgo.

Esto es así porque en gran parte en las organizaciones sus empleados se plantean qué es más fácil:

  • Premiar al que genera poco o ningún riesgo (y por tanto no genera ruido, aunque tampoco innova).
  • Penalizar al que genera riesgo (aunque sea porque procura innovar, evolucionar y mejorar).

En una cultura de líderes, pioneros e innovadores (y “hunters” en el argot comercial) se debería invertir este esquema, de modo que se premiaría al que innovase inteligentemente (a pesar del riesgo que genera) y se penalizaría la pasividad del que optara por una postura entre reactiva e inactiva.

En una cultura de seguidores, reactivos, ejecutores de procesos rutinarios (y “farmers” en el argot comercial) se dará el caso antes mencionado, premiándose al que genera poco riesgo pero consigue mantener -al menos a corto plazo- el tren en marcha.

Por ello es muy importante decidir el esquema que la organización (en particular su dirección) quiere seguir, que generalmente es el del palo y la zanahoria, pero más basculado en un sentido o en otro será lo que marcará completamente la diferencia. En general, una cultura de castigo es más corto-placista, mientras que una orientada al logro y al premio es más largo-placista.

Así como se comporte la dirección, será el comportamiento mayoritario del conjunto de sus colaboradores. Si cada cual está dispuesto a aceptar su responsabilidad, probablemente el ambiente generado sea más colaborativo y más tolerante. En caso contrario, existirán disputas constantes en los cuales se usarán las técnicas anteriormente mencionadas para procurar eludir responsabilidades, entrando en el juego en el cual todo podrá ser justificable de un modo u otro. La justificación no entrañaría problemas cuando ésta se basa en la ejecución de procesos -que siempre podrán mejorarse-, pero cuando éstos no están claramente definidos es cuando las relaciones humanas e interpersonales son las que se pondrán en juego por el propio instinto de supervivencia (que no debería ser necesario dentro de una organización, pero que en realidad actúa de igual manera para resolver disputas y conflictos de intereses).

En resumen, el que acepte su responsabilidad generalmente será una persona equilibrada que aportará para avanzar, para evolucionar y para mejorar hasta donde alcancen sus conocimientos, habilidades, experiencia y apoyos.

El que no la acepte, probablemente seguirá haciendo lo mismo hasta que consiga entender que tiene que aceptarla si es que quiere realmente sentirse partícipe de algún avance en alguna iniciativa en algún momento de su vida.

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